TheGuatemalaTime

Un país en terapia intensiva

2026-03-19 - 15:02

El Estado de Guatemala se encuentra en una crítica situación. Podríamos compararla con la de una persona gravemente enferma, endeudada, llena de problemas, y que, aun así, decide endeudarse más, gastar en demasía y vivir como si nada pasara, haciendo lo mismo pero buscando un resultado diferente, algo totalmente fuera de la realidad. Si hacemos una radiografía a la persona que menciono en la analogía inicial —el Estado de Guatemala— podemos evidenciar que el Ejecutivo, la cabeza y el rostro del país, es deficiente y refleja un cáncer terrible. Se ha caracterizado por excusarse en vez de ocuparse, por comunicar mal, por una evidente falta de carácter y por la incapacidad para resolver los problemas del país, así como los problemas que surgen a causa de su propia mala administración y gestión. Si analizamos otros órganos del cuerpo de esta persona, nos encontramos con que el Legislativo debería ser el corazón que oxigena al Estado. Mediante sus atribuciones de legislar, elaborar, reformar y derogar leyes, tendría que darle aire nuevo al país atendiendo necesidades reales y no intereses particulares. Pero este corazón está enfermo: late al ritmo de agendas personales, no al de la nación. Lejos de oxigenar al país, lo asfixia con decisiones que solo les benefician a ellos, mientras la población lucha cada día por sobrevivir en una realidad cada vez más complicada. El Judicial es el hígado, un órgano de vital importancia porque mantiene el equilibrio, filtra y depura lo que ya no hace bien al cuerpo, pero este hígado está muy enfermo. En lugar de depurar, acumula toxinas; en lugar de equilibrar, genera más desequilibrio. Y un sistema judicial deteriorado no solo deja de proteger al cuerpo, sino que acelera su deterioro, permitiendo que lo dañino circule libremente por todo el sistema. Esta es una pequeña radiografía de lo que sucede en nuestro país; esta es una radiografía de un sistema, de un cuerpo y de una nación enferma por la corrupción. Es una situación que arrastramos desde hace años, una situación que se repite con cada gobierno y una situación que se ha visto agravada por aquellos que prometían una Guatemala diferente, una primavera que se convirtió en una verdadera pesadilla, porque una vez más su intención no era una renovación, sino incrementar la contaminación y el aprovechamiento de este sistema deteriorado. La enfermedad del Estado no se cura con excusas ni discursos vacíos, sino con decisiones firmes, carácter y valentía. Guatemala ya no necesita tibiezas ni funcionarios que se refugien en el discurso de la “desestabilización” cada vez que se les exige cumplir con sus deberes y obligaciones. Es momento de dejar las palabras, excusas y dramas tomando acciones concretas necesarias y trabajando por lo que importa y por quien importa. La Constitución es clara e imperativa y establece la ruta para desarrollar su actuar deben organizarse para proteger a la persona, a la familia, a la propiedad privada y perseguir la realización del bien común. Ese es el mandato, no la retórica que han manejado. Quienes hoy sostienen las riendas del país deben asumirlo con la determinación que la nación merece. El poder no se hizo para servirse, sino para servir. Y Guatemala, de una vez por todas, exige que actúen YA

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