Tráfico: una molestia metropolitana es ahora una emergencia nacional
2026-03-26 - 16:12
Hay países que se frenan por falta de recursos. Y hay países que se frenan aun teniendo diagnóstico, leyes, presupuesto y urgencia. Guatemala, hoy, se parece más a lo segundo. Eso fue lo que el República Summit Infraestructura 2026 volvió imposible de disimular: el problema ya no es entender qué está pasando en las calles y en las carreteras del país. El problema es que, frente a una emergencia visible —considerada nacional—, el Ejecutivo sigue sin actuar. Durante la jornada, el tráfico dejó de ser descrito como una simple incomodidad urbana. La palabra que se repitió en casi todas las intervenciones fue: abandono. No solo el abandono de una red vial agotada, sino el abandono de una responsabilidad pública que nadie más puede sustituir del todo. Las municipalidades pueden contener, conectar, intervenir y resolver tramos. El sector privado puede empujar, estudiar, proponer y financiar. Pero hay una frontera que ninguno de los dos puede cruzar: adjudicar obra pública y ejecutar sigue siendo tarea del Estado, y en particular del Ejecutivo. Rodrigo Arenas, presidente editor de República, lo dijo desde el arranque: las carreteras no son lujo ni ornamento, sino generadoras de oportunidades. Sin conectividad, el agricultor no saca su cosecha, el estudiante no llega a clase, el trabajador no llega a su turno y el paciente no llega a tiempo al hospital. La infraestructura, en esa lectura, es la velocidad a la que un país decide desarrollarse. El tráfico, además, ya opera como un impuesto invisible que nadie votó, nadie aprobó y nadie devuelve, pero que igual se cobra todos los días en tiempo, salud, paciencia y vida familiar. Por eso el mensaje al gobierno de Bernardo Arévalo fue directo: “Ejecuten, no más excusas”. No se trata de descubrir o inventar una salida exótica. Se trata de ejecutar y dejar de administrar el desgaste como si fuera normal. El abandono ya no se disimula en el interior Ese reclamo encontró eco una y otra vez en los paneles. Desde los municipios, la frustración tuvo rostro. Gustavo Cano, alcalde de Huehuetenango, recordó lo que significa vivir a 257 km de la capital y comprobar que el viaje, lejos de mejorar, pasó de cuatro a seis horas. Pero el punto no fue solo la distancia. Fue algo más profundo: el abandono también consiste en no escuchar la voz del interior y en no ponerse en los zapatos de quienes viven una realidad ajena a “la capital”, donde se toman las decisiones. Ahí apareció una de las ideas más poderosas de la jornada. Cano indicó que muchas comunidades priorizan “calles” junto con agua, salud y educación. No porque la carretera sea una obsesión, sino porque la conectividad también significa oportunidad. Significa poder vivir mejor sin tener que salir expulsado de su territorio. Significa que allá, “en las montañas de Huehue”, también se tiene derecho a desarrollarse. Mynor Morales, alcalde de Villa Nueva, llevó la discusión a otro punto sensible: incluso donde hay industria, presión metropolitana y actividad económica intensa, la respuesta central sigue siendo lenta o insuficiente. Habló de 150 000 vehículos moviéndose en sus accesos y de una comuna que ha tenido que abrir interconexiones, impulsar rutas internas y coordinar para resolver problemas que exceden su jurisdicción. El mensaje para el Gobierno es que cuando la red nacional falla, los municipios intentan remediar una omisión ajena. En ese sentido, el alcalde de Guastatoya, José Elías Herrera, reforzó esa misma idea desde otro ángulo y dejó una conclusión incómoda: mientras el gobierno central se paraliza, las municipalidades “sí saben moverse”. Son más ágiles, más cercanas al problema y, muchas veces, más dispuestas a ejecutar. Las herramientas existen, falta decisión La postura del sector privado fue igual de contundente. José Miguel Torrebiarte insistió en un punto que atravesó todo el evento: Guatemala no está esperando una idea milagrosa, sino que use las herramientas que ya tiene. La Ley de Infraestructura Vial Prioritaria existe. Las reformas para habilitar mejores esquemas de ejecución y asociación también. El problema no es la falta de instrumentos. El problema es que siguen sin activarse. Claudia Cáceres, gerente de la DIPP, afinó todavía más ese diagnóstico. La Dirección no está detenida por falta de diseño, sino porque el reglamento sigue sin publicarse, aunque la ley ya había fijado plazos y aunque buena parte de la normativa interna está avanzada y esperando ese paso para operar. Dicho de otro modo: la caja de herramientas no está vacía. Está sobre la mesa. Lo que no aparece es la mano que decida usarlas. Al final, el gran ausente pesó tanto como los presentes. No solo por la silla vacía que dejó el Ejecutivo en el panel de cierre —se invitó al presidente Arévalo, el ministro Jonathan Menkos, la ministra Norma Lissette Zea y un viceministro del CIV—, sino por lo que terminó simbolizando frente a un auditorio que repitió la misma exigencia por horas. Guatemala ya hizo el diagnóstico, ya escuchó a sus alcaldes, ya oyó al sector privado, ya aprobó instrumentos y ya acumuló suficiente frustración. Lo que no puede seguir acumulando es indiferencia. El tráfico dejó de ser una molestia hace rato. Hoy es la postal más elocuente de un Ejecutivo que ya no puede alegar desconocimiento, solo falta de decisión.