Necesidad del cambio generacional en la política guatemalteca (I)
2026-03-20 - 16:02
0:00 0:00 El sistema político de Guatemala necesita un cambio generacional, ante las necesidades actuales. Mi generación, que dio impulso a la lucha revolucionaria entre 1960 y 1996, y se propuso lograr la paz firme y duradera en los pasados treinta años, ya no puede seguir con la antorcha de los profundos cambios para Guatemala. Las realidades mundiales, regionales y nacionales son distintas a las vividas luego de la Segunda Guerra Mundial y de la mal llamada “guerra fría”, en la cual las potencias occidentales recurrieron al genocidio y el exterminio de las y los comunistas, conceptualizados como tales los pueblos en busca de su liberación. El cambio generacional es imprescindible, y no solo en Guatemala. También en EE. UU., en donde la pugna política fue entre un octogenario y un hoy “senil dictador”, enfrentados en una repetición de su “Guerra Civil” (1861-1865). Igual en Argentina, en donde presencié un panel del “Foro por una Nueva Democracia”, un esfuerzo por lograr la unidad de los sectores antifascistas –fuerzas sociales y políticas progresistas y democráticas– para derrotar el intento de Milei por revertir la Historia. Dicho evento inspiró este artículo, porque de nueve panelistas, seis eran de la “vieja guardia” y tres eran más jóvenes, al tiempo que tres cuartas partes de los asistentes al evento éramos de la tercera edad. Es indudable que las juventudes de hoy requieren de líderes jóvenes, aunque caigan en errores crasos, como elegir a Bukele, Milei y Kast. ¡Hace falta la juventud revolucionaria, para avanzar y no retroceder en el mundo! Pero, las juventudes han sido deformadas para rechazar el concepto de revolución. La situación latinoamericana tiene su explicación en retrospectiva. Nuestra juventud revolucionaria fue exterminada por los regímenes de derecha -Argentina, con sus treinta mil detenidos-desaparecidos y miles más ejecutados, Guatemala con los doscientos mil muertos en el genocidio y más de cuarentaicinco mil desaparecidos-. Las dirigencias estudiantiles fueron diezmadas, con miles de muertos o desaparecidos y muchos jóvenes más fueron parte, junto a campesinos y trabajadores, de las fuerzas revolucionarias o salieron al obligado exilio. El puente democrático entre mi generación y las dos siguientes fue destruido. Quienes sobrevivieron prefirieron no trasladar el liderazgo a las juventudes, para su protección y desarrollo profesional. Se perdieron los establecimientos de secundaria y la universidad nacional como crisoles de fermento transformador. Algunas fuerzas sociales y políticas mantuvieron el interés en formar nuevos cuadros; pero no lograron formar una verdadera corriente renovadora, tal el caso de grupos universitarios y, recientemente, el partido Semilla, cuyo éxito electoral radicó en representar a grandes estratos jóvenes. Necesitamos juventud más revolucionaria, que arriesgue más por una Guatemala distinta. La rancia derecha está colapsada, acudiendo a momias como Barreto y cómplices, y la juventud la puede derrotar y expulsar; pero para ello, se hace necesario el sacrificio personal que solamente las y los jóvenes en rebeldía pueden brindar. (Continuará)