TheGuatemalaTime

Lo arbitrario

2026-03-30 - 15:03

En su lección 6 de “La filosofía del Objetivismo” Leonard Peikoff define lo arbitrario en el contexto epistemológico de la siguiente manera: «“Arbitrario” significa una afirmación presentada en ausencia de evidencia de cualquier tipo, perceptual o conceptual; su base no es ni la observación directa ni ningún tipo de argumento teórico. [Una idea arbitraria es] una afirmación absoluta sin ningún intento de validarla o conectarla con la realidad. Si un hombre afirma tal idea, ya sea por error, ignorancia o corrupción, dicha idea queda epistemológicamente invalidada, no tiene relación con la realidad ni con la cognición humana. [...] Permítanme elaborar este punto: una afirmación arbitraria no tiene ningún estatus cognitivo. Según el Objetivismo, tal afirmación no debe considerarse verdadera ni falsa.» Y en su libro Objetivismo: la filosofía de Ayn Rand, en el capítulo 5. Razón, parágrafo “Lo arbitrario ni verdadero ni falso” pone algunos ejemplos: «[...] Como ejemplo [de lo arbitrario], un hombre te dice que el alma sobrevive la muerte del cuerpo; o tu destino será determinado por tu nacimiento en la cúspide de Capricornio y Acuario; o que él tiene un sexto sentido que supera tus cinco; o que una convención de gremlins está estudiando la lógica de Hegel en el planeta Venus. Si le preguntas ¿por qué? no ofrece ningún argumento. “No puedo probar ninguna de estas afirmaciones”, admite, “pero tampoco puedes refutarlas”.» Esta visión no es novedosa. Immanuel Kant, en la Sección Segunda de su Crítica de la razón pura, llamada “La Antinomia de la Razón Pura”, sostiene que tanto la tesis sobre las ideas trascendentales (“el mundo tiene un inicio en el tiempo y está limitado en el espacio”) como la antítesis (“el mundo no tiene principio ni límites espaciales; es infinito en tiempo y espacio”) no pueden ser demostradas mediante la experiencia ni tampoco refutadas. Wittgenstein sostiene que ciertos enunciados, como “el alma humana es inmortal” o “el universo surgió de la nada”, carecen de sentido porque no pertenecen al espacio lógico y por tanto no son ni verdaderos ni falsos. Este espacio es la estructura formal que determina la posibilidad de los estados de cosas. El sentido consiste en la representación lógica de estos estados. Las proposiciones ocupan un lugar en el espacio lógico según sus funciones veritativas, lo que indica las distintas posibilidades de existencia de esos estados. Ahora, los tres están equivocados, no hay tal cosa como enunciados que son ni verdaderos ni falsos. Toda proposición es la verbalización del pensamiento con sentido o juicio, y debe ser necesariamente verdadera o falsa; no hay tercera opción. Y este error es (1) por igualar “sentido” con “razonable” y “sin sentido” con “absurdo o irrazonable”; y (2) por adoptar una postura de agnosticismo epistémico. En primer lugar, con respecto al punto (1), una proposición como “el alma del humano es inmortal” tiene sentido y puede ser comprendida, independientemente de su veracidad. Por eso existen mitos y representaciones artísticas sobre ella, aunque sean irrazonables. Enunciados así son proposiciones, aunque arbitrarios. En segundo lugar, en referencia al punto (2), cuando se sostiene que las proposiciones arbitrarias no pueden considerarse ni verdaderas ni falsas, se evade la responsabilidad de certificarlas como falsas. Según Peikoff, simplemente negar la afirmación sin debate es suficiente, ya que discutir al respecto sería un esfuerzo inútil. El principio lógico del tercio excluso dicta que, o una oración o su negación debe ser verdadera, la otra debe ser falsa. Y toda afirmación necesariamente supone su negación. La afirmación, el “sí”, asegura que es el caso la existencia de lo enunciado. La negación, el “no”, asegura que no es el caso la existencia de lo enunciado. Lo que la negación dice es que no hay evidencia para sostener la afirmación de la existencia de cierto estado de cosas. Por eso es absurdo exigir la “prueba” de una negación, porque probar es demostrar o mostrar o evidenciar la existencia de algo. No se puede mostrar lo que no existe. Por eso la veracidad de la afirmación depende de la evidencia; la de la negación, de la falta de evidencia. La proposición no nos dice si es verdadera o falsa. Para comprobar su veracidad hay que hacer una confirmación empírica. Es por tanto lógico, según el principio del tercio excluso, tratar toda negación como verdadera y toda afirmación como falsa hasta que se confirme empíricamente su veracidad. Y no hay excepción al principio del tercio excluso. La excepción refuta la regla. Así que proposiciones como: “el alma del humano es inmortal” o “el universo surgió de la nada” o “una convención de gremlins está estudiando la lógica de Hegel en el planeta Venus” son falsas en principio, hasta que se confirme lo contrario mediante la comprobación empírica de su veracidad. Por tanto, la proposición arbitraria por carecer de evidencia que la respalde es por el principio del tercio excluso, falsa.

Share this post: