Las demandas laborales del Estado: “En este país no hay que ser baboso, vos Ulpiano”
2026-03-24 - 15:53
0:00 0:00 En este mismo vespertino se publicó ayer un artículo respecto de la hemorragia del Estado con el pago de prestaciones laborales. Muy lamentable en un país que sufre altos índices de desnutrición: nuestros niños crecen con grave desventaja, impotentes, ante el mundo que les tocará enfrentar. Cerebros disminuidos, músculos debilitados. Desolador en un país que carece de la infraestructura básica para su desarrollo: carreteras inservibles, puertos inoperantes, ciudades atascadas de tráfico (calvario que todos sufrimos). Calamitoso en un país cuya población no considera al Estado como un noble servidor de la población sino como una fuente de riqueza, una oportunidad para que “los listos” salgan de pobres; aquellos que han fracasado en el libre mercado ven en el Estado a la vaca famélica de cuyas ubres quieren todos ordeñar. Y, sobre todo, injusto. Relato la historia de dos abogados jóvenes que fueron contratados por el Ministerio de Salud, o de Comunicaciones, o de Desarrollo; no importa, da lo mismo. Al primero lo llamaron por ser experto en los trámites del amparo, había laborado en la CSJ como letrado de la Cámara de Amparos. Al segundo lo citaron porque su tío es conocido del político Hermenegildo Ventura Aristondo quien pidió al ministro “que le dieran un puestecito”. El ministro preguntó a un asesor (de los que sí saben) cómo hacía para contratar al recomendado. El asesor le explicó el largo camino en ONSEC. “Mucha vaina” dijo el ministro, “¿acaso no hay otra forma más sencilla de contratarlo de inmediato? ¡Aquí, mando yo!” Supo así de los contratos 029 por cuyo medio se puede contratar profesionales o técnicos, de una vez, con sueldos de hasta Q30,000. “Buena onda” dijo el ministro y muy ufano le aseguró al político Hermenegildo que podía ocupar a su sobrino. “¿Y qué va a hacer mi sobrino y ahijado?” “Ya veremos en qué lo ocupamos don Hermenegildo. Usted tranquilo.” Se presentó el sobrino, Everardo de nombre, y firmó el contrato 029 para laborar en el departamento jurídico con “honorarios” de Q25,000 al mes; no tiene que apersonarse todos los días a la oficina y a fin de mes debe enviar un informe de las “actividades del mes”. En el departamento jurídico Everardo se encontró con Ulpiano, que así se llamaba el otro abogado, a quien había conocido en la U. Ulpiano sí se presentaba todos los días y estaba muy afanado evacuando las audiencias en los múltiples amparos y demandas (muchas de ellas laborales) que se presentaban en el despacho. En el contrato de Ulpiano se establecieron honorarios por Q22,000. En ambos casos se indicó en el texto que la contratación era por un año; que no creaba vínculo laboral o sea que el abogado no era empleado ni iba a estar en renglón 011 ni 022. Cada uno firmó voluntariamente. Ulpiano se afanaba en sus labores y en su informe mensual detallaba todos los expedientes en los que había gestionado; Everardo se la pasaba, cuando llegaba, navegando en internet y sus informes eran paradigmas de generalidades y de “pajas”. A finales de año, el presidente decidió cambiar varios ministros incluyendo al que nos ocupa. El nuevo ministro tenía sus propios compromisos, encarguitos, recomendaciones, etc. (de alguna forma llegó a ocupar el despacho). Se topó con los laberintos de ONSEC, lo mismo que el anterior ministro. De igual forma le sugirieron usar los contratos 029. Pero estaban topados con ese tipo de contratos. “ Entonces vayan raleando, hagan espacio”. Por órdenes del despacho superior se notificó a los actuales 029, entre ellos Everardo y Ulpiano, que no se les va a renovar el contrato y que, como es temporal, queda sin efecto a fin de mes. Tanto Everardo como Ulpiano recibieron la notificación. “¿Qué hacemos, vos?” preguntó el primero. “Pues nada, mi contrato era temporal, yo lo sabía desde el principio y me voy tranquilo que chance consigo”. “Y, ¿no vas a demandar ante un juez de Trabajo, vos Ulpiano?” “No, yo no era un trabajador sino un profesional de libre ejercicio ¿y vos?”. “Yo sí voy a demandar, Ulpiano, en este país no hay que ser baboso, si todo mundo se aprovecha del Estado, no voy a ser el único menso que se quede sin nada”. (Continuará).