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La sucia política guatemalteca: Persiste la captura institucional, fuera y dentro de la universidad

2026-03-24 - 16:43

0:00 0:00 Mientras cerramos este ciclo de elecciones de segundo grado, las esperanzas de una mínima recuperación democrática se esfuman, como casi siempre, en las manos corruptas de quienes siguen tratando este país como su finca particular. Sí, los mismos de siempre. La designación de magistrados a las altas cortes a través de las Comisiones de Postulación —y específicamente la del Consejo Superior Universitario (CSU) de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac)— ha vuelto a demostrar que este mecanismo no sirve para construir democracia ni para seleccionar con meritocracia a quienes deben guardar la Constitución. El modelo ideal debería elevar a las cortes a las personas con mayores cualidades morales y capacidades profesionales. Pero no. El sistema está severamente cooptado. Para ingresar usualmente se negocia en secreto: favores, pactos ocultos, intercambio de influencias. Aunque ocasionalmente entra alguien honesto —como la magistrada Astrid Lemus por el Colegio de Abogados y Notarios—, los resultados finales quedan mediatizados por la trampa y los intereses particulares. La designación que correspondía a la Usac no fue la excepción. El 16 de febrero de 2026, el CSU —con la mayoría de sus integrantes con periodos vencidos— se reunió a escondidas en un hotel privado de Antigua Guatemala, pagado con fondos públicos. ¡Vaya descaro! Usan el erario nacional para sus intereses particulares. La Universidad tiene suficientes espacios públicos para este tipo de actividades. Gastar el dinero de esa forma, solamente refleja la forma absurda en que administran a la universidad del pueblo. Bueno, lo cierto es que allí eligió a la licenciada Julia Marisol Rivera Aguilar como su representante ante la Corte de Constitucionalidad. Rivera, ex esposa del secretario general de la Usac, quien también es secretario de la cuestionada universidad de «cartón” Juan José Arévalo, fue electa pese a las graves dudas sobre su acreditación docente que ya se señalaron en procesos anteriores. Lo más revelador: el rector de facto Walter Mazariegos simuló romper acuerdos previos y dejó fuera del juego a Leyla Lemus y a Consuelo Porras. ¿Significa esto una victoria? No. Fue un cálculo táctico. La elección de Rivera parece parte de una estrategia más amplia para mantener el control sin provocar un escándalo inmediato que activara mayor resistencia ciudadana. El CSU ilegítimo sigue operando bajo la protección del Ministerio Público, y la designación se realizó violando principios básicos de transparencia y legalidad. Esta misma lógica se ve hoy con mayor crudeza. Corren rumores de una posible orden de captura contra la magistrada del tribunal electoral Blanca Alfaro, quien se opuso valientemente al intento de golpe de Estado del MP contra la elección democrática de Bernardo Arévalo. Alfaro enfrenta al menos 53 denuncias y el MP ha solicitado dos veces su captura. Ella ha respondido con dignidad: “No tengo por qué huir”. El patrón es idéntico al usado contra líderes como Héctor Chaclán y Luis Pacheco: fabricar casos, ponerlos en reserva, perseguir selectivamente. Todo para someter a la población a la tiranía del Ministerio Público. Mientras tanto, el eterno magistrado Roberto Molina Barreto —defensor histórico de dictaduras y posturas controvertidas en temas de derechos humanos— fue reelegido por el Congreso el 6 de marzo de 2026. ¿Cómo se explica que figuras con ese historial sigan en las cortes? Paralelamente, las elecciones a rector de la Usac entran en zona roja. Aunque el movimiento DIRE (Dignidad y Rescate) domina ampliamente la primera fase de cuerpos electorales (21 de 34 ganados) el control real sigue en manos de quienes no respetan resultados honestos ni obedecen órdenes judiciales. Mazariegos cuenta con la protección del MP. El Cuerpo Electoral Universitario que elegirá rector el próximo abril no garantiza nada si no se respeta la ley. La oposición tiene la mayoría de los electores, pero los que ostentan el poder real no respetan ley alguna. Esta es una encrucijada compleja tanto para la universidad como para el país. Nuevamente tenemos una oportunidad —quizá la última— de rescatar la democracia herida y usurpada. Universitarios y ciudadanos: Vivimos tiempos recios, como el título de la novela realista de Mario Vargas Llosa, que narra la forma en la que perdimos nuestra revolución democrática de 1944. La perdimos con los mismos mecanismos con los que ahora perdemos a nuestra universidad y a la poca democracia lastimada que tenemos. Para evitar esto, debemos unirnos con mayor inteligencia estratégica. Un escenario es que logren un espacio para Consuelo Porras para darle inmunidad y que paralelamente el Consejo Superior no realice las elecciones a rector, aduciendo falta de seguridad u otro motivo espurio. Lo peor sería que el CSU no reconozca a los cuerpos electorales de DIRE que ya ganaron las elecciones y como en el 2022 procedan a nombrar al rector que a ellos les da la gana. Este es el complejo panorama que vivimos. Estos escenarios pueden o no darse. Lo cierto es que la sucia política guatemalteca persiste fuera y dentro de la universidad. Por eso, rescatar a la universidad es rescatar la democracia. Hagámoslo, defendamos a la universidad pública. Hagámoslo ahora porque si no es ahora, no será nunca.

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