TheGuatemalaTime

La guerra no siempre se mide en bombas, a veces se mide en inflación

2026-03-25 - 15:02

El cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial está provocando el mayor shock energético global desde la crisis petrolera de los años setenta. No es una exageración: es una evaluación compartida por analistas energéticos, gobiernos y mercados internacionales. El tránsito marítimo por esa ruta ha caído prácticamente a cero en algunos momentos de la crisis, mientras aseguradoras, navieras y refinadoras suspenden operaciones ante el riesgo militar. Esto significa algo muy simple: el mundo no está frente a una interrupción temporal del comercio energético, sino frente a un cambio estructural en las expectativas del mercado. El petróleo Brent superó los 100 dólares por barril y llegó hasta los 126 dólares en el punto más alto de la crisis, mientras analistas advierten que un cierre prolongado podría llevarlo incluso a niveles cercanos a los 150 dólares y no es solo una cifra técnica es inflación futura. Porque el petróleo no es únicamente combustible, es transporte, fertilizantes, alimentos, manufactura, logística, aviación, plásticos y electricidad. La evidencia más preocupante es que el mercado ya está descontando que el estrecho no se abrirá inmediatamente. El conflicto entre Estados Unidos e Irán ya entró en su cuarta semana con amenazas cruzadas, ataques a infraestructura energética y advertencias explícitas de que Teherán podría bloquear completamente el paso si continúan las ofensivas militares. Incluso con ultimátums presidenciales, Washington no ha logrado garantizar todavía el tránsito seguro de los buques petroleros. En términos económicos, esto tiene consecuencias previsibles... cuando sube el petróleo, sube todo. El precio de la gasolina en Estados Unidos y el de Guatemala está aumentando rápidamente, y economistas advierten que el encarecimiento energético suele traducirse en menor consumo y presiones inflacionarias. En Estados Unidos, la Reserva Federal podría retrasar recortes de tasas o incluso endurecer su política monetaria si la inflación repunta. Y ahí aparece la dimensión política, las elecciones de medio término en Estados Unidos rara vez se definen por política exterior, se definen por el precio del supermercado y la gasolina. La historia electoral norteamericana muestra un patrón claro: cuando sube el costo de vida, el partido en el poder pierde terreno legislativo. Hoy ese riesgo vuelve a aparecer, de hecho, encuestas recientes muestran una caída significativa en la aprobación presidencial en medio del aumento del costo de vida vinculado al conflicto con Irán. El problema estratégico para Donald Trump no es militar, es económico. Puede ganar la narrativa de seguridad nacional, pero perder la batalla doméstica de la inflación. El mercado ya está enviando señales de alerta: el petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares, el gas natural europeo se ha disparado, y sectores como transporte, agricultura y manufactura ya muestran presión en sus costos operativos. Incluso industrias aparentemente alejadas del conflicto, como la producción de fertilizantes o microchips comienzan a registrar impactos indirectos. Esto recuerda una lección olvidada de la geopolítica: cerrar un estrecho marítimo estratégico es cerrar la economía global. Además, existe otro factor que muchos analistas están subestimando: el estrecho de Ormuz no depende únicamente de la capacidad militar estadounidense para abrirlo. En otras palabras: el mercado no cree que esto termine pronto... (ni yo) y cuando el mercado no cree que algo termine pronto, la inflación tampoco termina pronto. Para Guatemala esto implica mayores costos logísticos, presión sobre alimentos y transporte, y un riesgo adicional sobre la estabilidad macroeconómica regional. La guerra energética del Golfo Pérsico podría convertirse en el principal factor económico de las elecciones legislativas estadounidenses. La política exterior rara vez decide elecciones, la inflación casi siempre sí.

Share this post: