Entre la lotería y las cortes
2026-03-03 - 15:55
0:00 0:00 En Guatemala, cada proceso de elección debería ser una lección de institucionalidad. Sin embargo, la percepción ciudadana se asemeja, en ocasiones, a estar sentados frente a una mesa de la Lotería Tradicional Guatemalteca, esperando que el “gritón” cante la próxima carta. Nuestra lotería tiene personajes memorables: el Diablo, la Muerte, el Borracho, la Calavera, el Valiente, la Dama, la Escalera, el Mundo. Son figuras que forman parte de la tradición popular. Cuando se juega la lotería al final del almuerzo rotario, genera risas, camaradería y un momento de distensión al cierre de la jornada. Es un espacio lúdico, no un escenario de tensión nacional. El problema surge cuando la percepción pública comienza a interpretar la política bajo la lógica del azar. En el actual proceso, los amparos ante la Corte de Constitucionalidad, las discusiones sobre tablas de gradación, las descalificaciones cruzadas y los comentarios públicos sobre gestiones de cabildeo han generado en distintos sectores una sensación incómoda: la de que no estamos únicamente ante un concurso de méritos, sino ante un escenario de alta incertidumbre. ¿Saldrá la carta del Valiente, símbolo de firmeza institucional? ¿O la del Diablo, representación metafórica de intereses contrapuestos? ¿La Escalera, como aspiración legítima de ascenso profesional? La comparación es una figura literaria, no un señalamiento personal. Refleja el estado emocional de una ciudadanía que desea certeza jurídica. Cuando los ciudadanos perciben que las decisiones clave no se fundamentan exclusivamente en independencia, trayectoria y ética —valores indispensables en cualquier Estado constitucional— sino que se ven acompañadas de tensiones políticas propias de todo sistema democrático, la confianza pública puede resentirse. En otros países también existen dinámicas de influencia política y debate intenso. Es parte de la realidad contemporánea. Pero en Guatemala el verdadero premio no debería ser el control de las cortes, sino la credibilidad de la justicia. Convertir su elección en un espectáculo de incertidumbre debilita no solo a quien resulte electo, sino al Estado mismo. En los clubes rotarios, la lotería cierra el encuentro con sonrisas; nadie compromete su futuro por una carta mal cantada. Pero cuando la justicia se percibe como dependiente de dinámicas inciertas, pierde el país entero. Guatemala no necesita suerte. Necesita institucionalidad. Esta reflexión se formula en el marco del debate democrático como una opinión sobre la importancia de fortalecer la confianza pública en los procesos institucionales.