TheGuatemalaTime

En el país de las formas

2026-03-25 - 15:53

0:00 0:00 «Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares». (Mateo 4:8) En el país de las formas, la esencia se escurre entre los dedos. Lo importante deja de importar. Para aspirar al cargo de Fiscal General de la República, los candidatos deben someterse a una prueba psicométrica que pretende medir aptitudes, rasgos de personalidad, intereses y capacidad de liderazgo. Se supone que así se demuestra un “perfil psicológico adecuado”. ¡Imagínese usted! Algunos aspirantes, sin duda, poseen una personalidad íntegra, intereses genuinos y honestidad probada. Así lo percibo, por ejemplo, en el actual ministro de Gobernación, Marco Antonio Villeda. No lo conozco personalmente. Solo lo he escuchado en entrevistas. Me parece una persona sobria y seria. Pero, en realidad, ¿qué sé yo de las personalidades ajenas si apenas logro entender la mía? Lo que resulta ridículo, casi sacado de una novela de realismo mágico de García Márquez, es que la actual fiscal general, María Consuelo Porras, figure en la lista de candidatos. No solo está incluida: también se someterá a esa prueba. Lo primero que imagino es que, fiel a su historial, pagará a alguien para que la responda por ella. Porque su trayectoria académica y profesional está marcada por denuncias de plagio, falsedades, mentiras y abuso de poder. Mientras en Guatemala la filosofía de la forma siga dominando sobre la esencia, no avanzaremos hacia ningún lugar digno. ¿Qué mayor evidencia de aptitudes, rasgos de personalidad, intereses y liderazgo que ocho años de una gestión desastrosa? La peor que ha tenido el Ministerio Público en la historia de este país lastimado. Y no es solo ella. Su protector, el expresidente Alejandro Giammattei, representa otra cara de la misma moneda: un manipulador compulsivo que, junto a Porras, destruyó los pocos avances democráticos que habíamos logrado. Pero no están solos. Nos dejaron como rector impuesto a otra personalidad manipuladora, compulsiva, egocéntrico, mentiroso e ignorante: Walter Mazariegos. Los tres son, realmente, coyotes de la misma loma. El problema de fondo con personajes como Giammattei, Porras o Mazariegos no es solo su personalidad. Es que han tenido acceso ilimitado al poder. Personas sin alma, cuya verdadera intención parece ser la destrucción de otros seres humanos. Crean condiciones físicas, psicológicas y legales para aniquilar a quienes se les oponen, todo con tal de obedecer a sus verdaderos jefes: el llamado Pacto de Corruptos. No es un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad. Siempre ha habido quienes, al alcanzar poder absoluto, se vuelven perversos. Por eso la democracia existe: para limitar el poder y evitar que se desborde. Hoy, cuando un grupo de profesionales se dispone a aplicar una prueba psicométrica a alguien como Consuelo Porras —sabiendo de antemano el tipo de respuestas que dará—, están priorizando la forma sobre el fondo, lo superficial sobre lo esencial. El mero hecho de que este personaje aparezca en la nómina de candidatos ya constituye una afrenta al pueblo guatemalteco. Por eso, cuando Porras envía una maleta repleta de papeles como “pruebas de descargo” y se somete a la prueba psicométrica para que la comisión “conozca su personalidad”, solo cabe una conclusión: los comisionados parecen dispuestos a dejarse engañar. Prefieren jugar a no saber quiénes son los manipuladores compulsivos, los mentirosos seriales, los que, una vez en el poder, están dispuestos a vender su alma al diablo. En el país de las formas, la esencia sigue escurriéndose. Y mientras eso ocurra, Guatemala seguirá atrapada en el mismo círculo vicioso.

Share this post: