De las personas que recuerdo
2026-03-05 - 13:55
0:00 0:00 El recordado periodista e historiador Federico Hernández De León, escribió un libro que se titula, más o menos, “De las gentes que yo conocí”, además de su gran obra “Las Efemérides”, 8 tomos, en donde se aprende la historia de Guatemala, leyendo la primera o la última, pues son estampas de lo que ha sucedido en nuestro entorno. Pues, para que no sea un plagio, aunque ya don Alejandro Marure había utilizado el vocablo Efemérides, que yo nombro a esta prosa “De las personas que me acuerdo” y que eran importantes en Chiquimulilla: don Adán Martínez, don Manuelito Paniagua, don Chepe Ordóñez Croker, don Enrique de León, don Chico Marroquín, don Juan Navarro, don Yeyo “Pitero”. Por ahora, don Adán nació en Taxisco, creo, y por muchos años atendió la Farmacia González, la única durante décadas antes de 1960 y era propiedad del licenciado en farmacia don Octavio González. Y de tanto leer los nombres de medicamentos y saber para qué servían, como no había médico graduado, don Adán se convirtió en el médico de todo el municipio. Cuando uno se enfermaba de alguna leve dolencia, la orden de los papás era: “andá donde don Adán para que te dé un remedio”. Y cabal: uno se curaba. Cómo fue de gran benefactor don Adán para nuestra salud y por eso es digno de recordarlo. Don Manuelito Paniagua, el eterno Registrador Civil de Chiquimulilla, era un hombre noble, educado y servicial con los vecinos, pues durante muchos años asentó nacimientos, casamientos civiles y de personas que se fueron al cementerio. Lo recuerdo bien y a sus dos hijas, si mal no recuerdo una se llamaba Antonieta. Alcaldes iban y venían y al competente don Manuelito lo mantenía de Registrador. Don Chepe Ordóñez también fue eterno secretario municipal y padre de muchos hijos que fueron mis grandes amigos, don Chepe era quien cada año leía el Acta de la Independencia. Se la sabía de memoria por todos los años en que actuaba en los actos escolares del 15 de Septiembre. Recuerdo que cuando leían los bandos de buen gobierno, daban el nombre del alcalde y luego decían: “de su orden, José Ordóñez Kroque, Secretario municipal”. Don Enrique De León es también un personaje. Vino de El Salvador como ayudante de un odontólogo salvadoreño y cuando éste regresó a su tierra, don Quique se quedó como dentista del pueblo, lo que fue una bendición porque así ya no se sufría la tortura de ir a donde don Julio Solórzano a que extrajera las muelas con un alicate. Ahora había anestesia y una fresa movida con el pie. Era buena gente don Enrique y tenía una buena voz de tenor. Se casó con mi prima Alicia. De don Chico Marroquín recuerdo que era el alcalde auxiliar de la aldea Sinacantán y lo conocíamos como Chico Macho: era un hombre alto, de caites, que tenía una letra de alta caligrafía, como nadie, por eso cuando era necesario lo llamaba a la Municipalidad para ayudar en el Registro Civil. Un buen ciudadano don Chico. Don Juan Navarro, un hombre humilde. Le gustaba empinar el codo y era quien iba siempre en los bandos de buen, tocando el tambor de la municipalidad: “tererén, tererén, tererén ten ten” Cuando no andaba en esos menesteres era un buen albañil. Y como orgullo de los xincas del pueblo, no debe olvidarse a don Yeyo, el pitero. Vivía por donde antes pasaba una alcantarilla que le daba agua al pueblo en aquellos tiempos. Tocaba la chirimía y no faltaban procesiones, jueves de Corpus, Semana Santa, en que él no estuviera tocando piezas autóctonas del más puro pentagrama del pueblo originario. Además, dentro del mundo mágico, sabía leer la Oración del Puro y las mujeres le tenían mucha fe. Estas son las personas, por ahora, de quienes me recuerdo con nostalgia, pues fueron distinguidas en la comunidad.