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De la resistencia universitaria a la rectoría democrática: el momento decisivo de la

2026-03-14 - 18:35

0:00 0:00 La rectoría actual de la Universidad de San Carlos de Guatemala, producto de un cínico fraude electoral en 2022, se caracteriza por ilegitimidad, aislamiento académico y una gestión que ha convertido a la USAC en una entidad administrativa cerrada, desconectada de los grandes problemas nacionales y enfocada únicamente en la supervivencia política del grupo que la sostiene. Las cosas están cambiando. La presión social y el desgaste interno han llegado a su límite. La estructura que controla la universidad comienza a mostrar grietas. El control basado en el miedo y la exclusión colapsa cuando docentes y estudiantes comprenden que su futuro profesional está en juego. Por eso, los triunfos democráticos externos a la USAC, como el de Gregorio Saavedra y Edgar Ortiz en el Colegio de Abogados y Notarios (CANG), comisionados ante el Tribunal Electoral, y la elección de magistrados a la Corte de Constitucionalidad, con el triunfo de Astrid Lemus y Fernando Bermejo, han reavivado la llama de la transformación interna. El Pacto de Corruptos sintió el golpe. La planilla Unidad por la Democracia venció en la elección de electores profesionales no catedráticos del CANG, acumulando ya 21 cuerpos electorales para la oposición. El exrector Estuardo Gálvez, representante de la corrupción dentro y fuera de la universidad, fue derrotado. El Ministerio Público intentó criminalizar el proceso con su habitual táctica de intimidación y filmación, pero no lo lograron. Estos avances, sumados a la organización estudiantil inquebrantable, dieron origen al movimiento Dignidad y Rescate (DIRE), que ha ganado de manera arrolladora la gran mayoría de los cuerpos electorales de estudiantes, docentes y egresados. Según los resultados actualizados al 14 de marzo de 2026, la oposición controla ya más de 100 electores en el Cuerpo Electoral Universitario (CEU), cifra suficiente para alcanzar los 86 votos necesarios y elegir un nuevo rector el 8 de abril. Sin embargo, la corrupción no se rinde fácilmente. En Ingeniería, el decano Francisco Gómez —peón del usurpador— simplemente no se presentó a la segunda vuelta. En Odontología tampoco permitieron votar. El caso más ridículo y patético ocurrió en egresados de Arquitectura: el Tribunal Electoral del Colegio de Arquitectos se negó a inscribir la planilla de la resistencia, ignorando órdenes judiciales y demostrando un descaro sin límites. A pesar de esta desfachatez, la resistencia ha triunfado en la gran mayoría de los cuerpos. Si el CSU acredita los resultados tal como fueron ganados y no los roba en el camino, Walter Mazariegos no tiene opción alguna: tendrá que salir por la puerta de atrás. Pero la situación no es tan sencilla. Se ha logrado una unidad táctica; el desafío real es construir la convergencia estratégica. Ganar 21 cuerpos es un paso; administrar esa esperanza sin repetir vicios del pasado es lo difícil. DIRE debe mantenerse firme en un programa de reforma, no solo en una alianza electoral. El objetivo inmediato es recuperar la rectoría y exigir al sistema de justicia que los consejeros del CSU con plazos vencidos (más de 27, según denuncias públicas) sean reemplazados democráticamente, tal como lo establece la Ley Orgánica de la Universidad. Luego, democratizar y transparentar las decisiones del CSU, mejorar el acceso de sectores marginados, aumentar la pertinencia de los programas y poner en marcha un plan viable a corto plazo para impulsar la investigación científica y tecnológica. Esto no será suficiente. Ya no es posible seguir con una sola universidad nacional. Un país de 19 millones de habitantes requiere un sistema público de educación superior que nazca de esta crisis democrática. A largo plazo debemos crear nuevas ofertas: institutos y universidades tecnológicas con programas cortos y pertinentes —no necesariamente licenciaturas de cinco años—, enfocados en agroindustria, energías renovables, tecnologías de la información aplicada, salud comunitaria y gestión cultural. Programas capaces de elevar la producción económica, fortalecer la participación política y enriquecer la pertinencia cultural de la Universidad de San Carlos de Guatemala. El camino hacia la rectoría está empedrado y empinado, lleno de obstáculos. Pero es, al fin, un camino. Ojalá que recuperemos la Universidad de San Carlos para iniciar la construcción de un verdadero sistema de educación pública superior. Hagámoslo ahora. Porque si no es ahora, no será nunca.

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