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De la artesanía a la tecnología: Parte 3, Tecno-artesanos

2026-03-20 - 16:52

0:00 0:00 Tecno-Artesano: Redefiniendo la Ingeniería en la Era de la Inteligencia Artificial En la reciente discusión sobre la evolución de la técnica, mi tío Augusto Cajas Cantoral solía recordarnos que «el trabajo hay que hacerlo bien». Esta máxima, que parece pertenecer al mundo del taller de mecánica o de carpintería o al telar de cintura, es en realidad el pilar fundamental de la ingeniería del siglo XXI. Sin embargo, nos enfrentamos a un dilema: ¿estamos presenciando el fin del artesano ante el avance de la tecnología y la Inteligencia Artificial? Contrario a la visión lineal que sitúa a la artesanía en el pasado y a la tecnología en el futuro, debemos entender que ambas son manifestaciones de una misma Práctica Social. Esta práctica es una práctica cultural. Como bien señala la filosofía del «hacer es pensar», la distinción no radica en el uso de máquinas —pues el artesano siempre ha sido un usuario experto de herramientas— sino en la intencionalidad y el vínculo entre el creador y su obra. Aquí, aprender es hacer, es participar y no algo que está en la mente platónica de un individuo. Nada que ver con la concepción de aprendizaje escolar que se tiene en las escuelas y universidades en muchas partes del mundo, no digamos Guatemala, donde aprender es repetir, enseñar es hablar y dejar un sinfín de tareas estúpidas para hacerlas en casa (en familia, donde como siempre el machismo se las delega a la mamá, otro tema tratado en mi columna de la semana pasada aquí en La Hora). El error de las facultades de ingeniería ha sido enseñar la profesión como una «ciencia aplicada» fría y teórica, desconectando las prácticas sociales de la ingeniería. Hemos desconectado la «mano» (la práctica técnica) del «cerebro» (el diseño conceptual), creando una barrera que hoy la Inteligencia Artificial amenaza con ensanchar. Hoy, una IA puede replicar un diseño de un huipil de Chichicastenango en segundos. Pero aquí surge la crítica de la Cognición Encarnada: la IA solo imita el producto, no el proceso. El tejido artesanal es un diálogo con la resistencia del material, una respuesta a un contexto cultural y una forma de pensamiento que ocurre en los dedos. ​Si la ingeniería moderna se rinde ante la automatización total, corre el riesgo de perder su esencia social. Un ingeniero que no entiende la «materia» de los problemas sociales y se limita a procesar datos, deja de ser un transformador del mundo para convertirse en un operario de algoritmos ajenos. Mucho de eso pasa en la formación de ingenieros en America Latina, donde parece que el diseño ha sido olvido y formamos ingenieros como técnicos que repiten recetas extranjeras, materiales extranjeros, concepciones extranjeras y no logramos crear nuestras propias tecnologías. En general somos simples usuarios técnicos de ingenierías y tecnologías diseñadas, hechas y vendidas a America Latina. Para romper las barreras que limitan nuestra educación en ingeniería, propongo una síntesis: el artesano-tecnólogo. Este no es un artesano que simplemente usa computadoras, sino un profesional que aplica la ética de la artesanía a la complejidad tecnológica, como lo sugiere el mismo Richard Sennet en su libro: El Artesano. Hacer bien por el placer de la excelencia: La ingeniería debe recuperar el orgullo por el detalle, ya sea en un puente, un código de software o una política pública. Integración desde el inicio: No podemos esperar al final de la carrera para «practicar». El diseño y la construcción deben ser el eje central desde el primer día, integrando las ciencias básicas como herramientas del taller, no como obstáculos teóricos. Comunidades de Práctica: La ingeniería no ocurre en el vacío. Se aprende y se ejerce en comunidades. Debemos proteger los gremios y grupos donde el conocimiento tácito se transmite de maestro a aprendiz. En resumidas cuentas, la «batalla» entre la máquina y el artesano no está totalmente decidida. Si seguimos con currículos de ingeniería donde no insertamos la práctica del diseño para nuestras condiciones sociales, sí que perderemos con la máquina. La tecnología no es un destino inevitable, es una Práctica Cultural que nosotros dirigimos. El futuro de Guatemala y de América Latina no depende de cuántas máquinas compremos, sino de nuestra capacidad para formar ingenieros que, con la ciencia en la cabeza y la sensibilidad del artesano en las manos, decidan qué mundo queremos construir. Tal como decía mi tío Augusto, el trabajo no debe dejarse hasta que esté bien terminado. Y nuestra tarea de humanizar la tecnología apenas está empezando. Nota: Este artículo es una interpretación de mi artículo del 2024: El nuevo currículum de Ingeniería. En Hinojos, J. (Ed.). Rompiendo barreras: Avances y desafíos en la enseñanza de ingeniería y matemáticas en América Latina (pp 13-32) ITSON, Sonora México, disponible a solicitud fcajas@cunoc.edu.gt

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