Décima Legislatura: Muchos diputados dejan mucho que desear
2026-03-27 - 15:42
0:00 0:00 La décima legislatura se ha convertido en un reflejo de la crisis política nacional. En lugar de legislar, los diputados se han atrincherado en ideologías que solo dividen a la sociedad. Derecha e izquierda se enfrentan como enemigos, olvidando que su deber es representar a quienes los eligieron. El Congreso funciona más como un club de privilegios que como un órgano democrático. Salarios elevados, bonos, seguros, vehículos, combustible y asesores son la prioridad. La población, en cambio, recibe indiferencia y ausencia de respuestas. Solamente en el bono de Semana Santa derrocharon millones que pudieron servir para salud pública, educación. seguridad e infraestructura de calidad. La crisis del combustible es un ejemplo claro. El alza internacional y la especulación interna golpean la economía de los guatemaltecos. Mientras tanto, los diputados prefieren vacaciones y ausencias, dejando al país en el aire y olvidándose de quienes fueron los que los eligieron con su voto. La confrontación ideológica se ha convertido en excusa para la inacción. Los consensos brillan por su ausencia y las necesidades ciudadanas quedan relegadas. El Congreso se dedica a mantener cuotas de poder, no a construir soluciones y mucho menos en hacer lo que les corresponde: Legislar. La democracia se erosiona cuando sus representantes se olvidan de legislar. La confianza ciudadana se desploma y la indignación crece entre los guatemaltecos. La décima legislatura corre el riesgo de ser recordada como la legislatura de los privilegios y la confrontación. Guatemala enfrenta desafíos en salud, educación, seguridad y empleo. Sin embargo, el Congreso parece más preocupado por mantener beneficios que por impulsar reformas. La ausencia de políticas claras es solo un ejemplo, entre un puñado de hechos, de cómo la inacción legislativa afecta directamente a la población. La ciudadanía observa con frustración cómo el Congreso se convierte en un símbolo de desgaste institucional. La décima legislatura ha demostrado que la política, cuando se reduce a la lucha por cuotas de poder, pierde su esencia democrática. Los guatemaltecos no necesitan diputados que se enfrenten entre sí, sino representantes que construyan soluciones. Sus “espectáculos”, de muy baja calidad, por cierto, dan vergüenza ajena y nos ponen como una sociedad de muy bajo nivel. El reto ahora es recuperar la confianza en las instituciones. La ciudadanía debe exigir rendición de cuentas y transparencia. Los diputados deben recordar que su función no es acumular privilegios, ni hacer negocios con el Listado Nacional de Obras. Con esta situación más parecen haberse convertido en los “piratas modernos”. La décima legislatura tiene aún la oportunidad de rectificar, pero el tiempo corre y la paciencia ciudadana se agota. Si no hay cambios, quedará marcada como una legislatura incapaz de responder a las necesidades de un país que demanda soluciones urgentes. Los llamados “padres de la patria” han demostrado ser más bien administradores de sus propios intereses. No han aportado nada sustancial para la sociedad y se han limitado a recetarse salarios jugosos que no se traducen en resultados. La ciudadanía esperaba legislación social que permitiera el desarrollo, pero recibió indiferencia y beneficios personales. El Congreso debería ser el motor de la transformación nacional, pero se ha convertido en un obstáculo. Los diputados han olvidado que su mandato es servir, no servirse. La falta de leyes que impulsen justicia social y crecimiento económico es una deuda que pesa sobre sus espaldas. La historia juzgará a esta legislatura por lo que no hizo. Por las oportunidades desperdiciadas, por el abandono de la ciudadanía y por la traición a la confianza depositada en las urnas. Los guatemaltecos merecen representantes que legislen para el pueblo, no para sus bolsillos. Así que en el 2027 hay que ver bien cómo vamos a votar, porque estos señores no merecen volver a ocupar una curul.