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Cuba promete “resistencia inquebrantable” ante cualquier intento de toma por parte de EE. UU.

2026-03-18 - 15:22

El gobierno cubano respondió con dureza a recientes declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que tendría el “honor” de tomar el control de la isla. En medio de una crisis energética prolongada y negociaciones discretas con Washington, La Habana denunció una estrategia de presión económica diseñada para forzar un cambio político. Es noticia. El presidente Miguel Díaz‐Canel acusó a EE.UU. de amenazar de forma constante el orden constitucional cubano, utilizando como argumento una economía debilitada por sanciones y restricciones externas. La tensión aumentó tras el apagón nacional que paralizó a millones y luego de nuevas declaraciones desde Washington. Díaz‐Canel afirmó que la crisis económica responde a una “guerra feroz” dirigida a castigar a la población y crear condiciones para un colapso interno. Trump insistió en que Cuba es “una nación fallida” y reiteró que podría “hacer lo que quiera” con la isla, afirmando que sería un “honor” tomarla. Cuba restableció parcialmente el servicio eléctrico tras más de 29 horas de apagón, sin ofrecer detalles sobre las causas del colapso energético. En el radar. El clima político se endurece mientras EE.UU incrementa su presión económica y diplomática, y Cuba enfrenta su momento más delicado en décadas. Ambos gobiernos reconocen conversaciones en curso, aunque sin avances visibles y con discursos cada vez más confrontativos. Washington ha reforzado medidas para limitar el acceso de Cuba a divisas y combustible, especialmente tras la interrupción del suministro venezolano. La Habana sostiene que las restricciones buscan fracturar su estructura política y provocar concesiones forzadas. El gobierno cubano ha comenzado a adoptar ajustes internos para contener el descontento y reorganizar su debilitado sistema energético. Entre líneas. La combinación de sanciones, apagones prolongados y presiones diplomáticas genera un escenario frágil. Tanto analistas independientes como observadores regionales advierten que Cuba podría enfrentar cambios acelerados si la situación energética y social continúa deteriorándose. La crisis eléctrica expone años de rezago en infraestructura y falta de diversificación energética, lo que dificulta una recuperación sostenida. La tensión política se alimenta del creciente malestar social, con sectores que reclaman mejoras inmediatas ante la persistente escasez. La cercanía geográfica y el historial político convierten cualquier movimiento en Cuba en un asunto estratégico para Washington, que busca reafirmar su dominio regional. Lo que sigue. Aunque ambos gobiernos reconocen un diálogo en proceso, el rumbo es incierto. EE.UU afirma que Cuba estaría dispuesta a negociar, mientras La Habana recalca que no aceptará imposiciones. El riesgo de una escalada o de una transición abrupta continúa latente. Un acuerdo dependerá de si Cuba acepta reformas económicas y ajustes institucionales bajo la presión de su crisis interna. Washington podría optar por profundizar su presión económica para acelerar cambios, especialmente tras recientes operaciones internacionales que han fortalecido su postura. La Habana apuesta a resistir cualquier intento externo, reforzando la narrativa de soberanía y unidad frente a la adversidad.

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