TheGuatemalaTime

Con el 2027 en la mira

2026-03-26 - 15:02

No cabe duda de que el 2026 ha puesto a Guatemala, especialmente a sus instituciones, en una situación de desgaste. Esto se debe a que las elecciones de segundo grado no solo han insertado al país en una constante incertidumbre, sino que también han agudizado la polarización política a lo interno de la sociedad. Sin embargo, con poco tiempo para tomar un respiro, ya es momento de empezar a pensar en el 2017 y la próxima cita que tendrán los ciudadanos con las urnas. El pasado 24 de marzo, los nuevos magistrados del Tribunal Supremo Electoral – TSE – fueron juramentados a sus cargos y con esto dieron inicio a un nuevo período del ente electoral. Sin embargo, a su vez, inauguraron la carrera para las próximas elecciones generales, que por decir algo, no serán nada fáciles de planificar y llevar a cabo, tomando en cuenta la turbulencia que atravesaron sus antecesores. Así pues, aunque las expectativas son altas, se espera que sus labores estén a la altura. Con la sombra sobre la magistratura De acuerdo con la definición limitada de la democracia, esta está presente siempre y cuando exista la posibilidad de la emisión del voto. No obstante, como lo han demostrado varios países de la región, que se han deslizada por una dinámica de regresión democrática, aunque la condición del voto es necesaria, no es suficiente para el mantenimiento del un régimen democrático. Por esta razón, hablar de democracia implica, además del voto, la existencia de procedimiento electorales transparentes, la igualdad de oportunidades y condiciones en la participación, la estabilidad de las reglas electorales, entre otros. Así pues, en este sentido es que el TSE cobra relevancia, ya que se posiciona como el máximo árbitro en esta materia. Esto quiere decir que, sin el afán de inducir ninguna presión sobre los magistrados recién juramentados, ellos se perfilan como los guardianes de la democracia. Ahora bien, hablar de la octava magistratura sin mencionar a sus predecesores sería un error, dado que sus acciones sentaron un precedente para los próximos comicios. Entre señalamientos por corrupción por la compra del TREP, violación de las cajas electorales, persecución política y administrativa contra los magistrados y el personal del Tribunal y un posterior exilio de la mayoría de los titulares, la séptima magistratura estuvo constantemente al borde del colapso. Consecuentemente, como era de esperarse, estos eventos no solo erosionaron la legitimidad del Tribunal, sino que también se tradujeron en una profunda desconfianza de los ciudadanos hacia el ente electoral. Por ello, adicional al trabajo rutinario que deben asumir los nuevos magistrados, también tendrán a su cargo la recuperación de la imagen y la confianza institucional. Esto se debe a que, si ante los ojos de los ciudadanos el árbitro de la democracia no es confiable, poco se puede esperar de los resultados electorales. Guatemala, como toda república, atraviesa y atravesará períodos de mayor o menor turbulencia. Por ello, en los momentos de incertidumbre es donde es donde los mecanismos de control republicano como la independencia de poderes, la supremacía de la ley y la ciudadanía activa se deben acentuar. Por su parte, los nuevos magistrados deben estar a la altura del cargo, ya que en este juego de poder siempre habrá lobos más experimentados que, de descuidarse les podrán ganar el mandado.

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