Cómo el cierre de Ormuz amenaza con una nueva recesión e inflación global
2026-03-04 - 19:26
La tensión en el estrecho de Ormuz —atravesado por cerca del 20% del petróleo que consume el mundo— volvió a poner a los mercados en alerta. Los ataques entre Irán, EE. UU. e Israel paralizaron el tránsito de buques y empujaron los precios del crudo a una alza inmediata. El analista venezolano Juan Fernández, fundador del movimiento La Gente del Petróleo, explica que el shock tiene un origen logístico más que productivo, pero sus efectos se sienten rápido en el costo del combustible y en las economías dependientes de importaciones, especialmente en América Latina. Qué destacar. Fernández considera que, por ahora, el escenario más probable es temporal. Menciona que se trata de un pico que podría revertirse si el tráfico marítimo se normaliza pronto. Sin embargo, advierte que una crisis prolongada sería mucho más compleja: desde el embargo árabe de los años 70, recuerda, las grandes economías aprendieron la importancia de acumular reservas estratégicas. “El conflicto no debería durar más que el tiempo que alcanzan esas reservas; hablamos de un máximo de ocho semanas”, señala. EE.UU. actualmente cuenta con unos 415 millones de barriles almacenados en su reserva estratégica, aunque su capacidad total ronda los 700 millones. China, el mayor importador de petróleo y gas del mundo, posee entre 400 y 700 millones de barriles según estimaciones no oficiales, incluyendo sus inventarios “flotantes” en buques anclados cerca de puertos. Para Fernández, estos colchones permiten resistir un cierre temporal del estrecho, aunque no indefinido. La razón por la que Ormuz es tan crucial es simple: cada día pasan por allí unos 20 millones de barriles entre crudo y derivados, equivalentes a cerca de una quinta parte de la demanda mundial. De ese volumen, unos 15 millones son petróleo y aproximadamente cinco millones productos refinados. El analista recuerda que cualquier interrupción altera de inmediato las expectativas globales. Y así ha ocurrido: en pocos días, el crudo subió entre USD 10 y USD 12 por barril. El West Texas Intermediate ronda los USD 77, mientras que el petróleo crudo Brent se mantiene algo más arriba. En el radar. Aunque países del Golfo han intentado reducir su dependencia del estrecho mediante oleoductos alternativos —Arabia Saudita hacia el mar Rojo, Emiratos Árabes Unidos hacia el golfo de Omán— estas rutas solo pueden mover cerca de 8 millones de barriles diarios, insuficientes para reemplazar el flujo habitual. Iraq también exporta parte de su producción a través de Turquía, pero no compensa un cierre total. Incluso para Irán, el bloqueo supone un problema: exporta unos 1.5 millones de barriles diarios, principalmente a Asia, y depende del estrecho mucho más que sus vecinos. El golpe no se limita al petróleo. El gas natural se ha encarecido de forma drástica: Fernández menciona que en Asia los precios prácticamente se duplicaron y en Europa subieron cerca de 45%. Este encarecimiento se traspasa a la electricidad, el transporte y los costos industriales. En EE.UU. ya se calcula un aumento de entre 11 y 12 centavos por galón de gasolina, incremento que también llegará a Latinoamérica. Entre líneas. En la región, el impacto será mayor porque la mayoría de los países depende de la importación de combustibles. “El precio de la gasolina cambia casi de inmediato porque las refinerías deben comprar más caro el barril que reponen”, explica el analista. Esto significa más divisas para pagar gasolina, diésel y gas, y por tanto más presión sobre los tipos de cambio, subsidios y cuentas fiscales. Brasil, aunque tiene mayor autosuficiencia, debe mantener precios internos alineados con los externos para no desincentivar la inversión. México enfrenta un desafío aún más complicado por su dependencia del gas estadounidense: el alza en el mercado norteamericano se trasladará directamente a industrias y hogares. Venezuela tampoco puede reforzar la oferta regional; de los 3.5 millones de barriles que producía a inicios de los 2000, hoy apenas supera el millón. Aunque la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) planteó un incremento de producción, el problema central sigue siendo el transporte. El estrecho funciona como una autopista angosta: cualquier incidente genera colas de buques y hace más costoso mover petróleo. Washington ya advirtió que podría escoltar convoyes petroleros para contener el aumento de los seguros marítimos, una medida que se ha aplicado en crisis anteriores. Ahora qué. Fernández insiste en que el desenlace dependerá del tiempo. Si la crisis se resuelve pronto, las reservas estratégicas permitirán estabilizar el mercado. Si se prolonga, el impacto será mayor: precios más altos, más inflación y un encarecimiento generalizado de bienes y servicios en todo el mundo. Para Latinoamérica, el mensaje es claro: el cierre de Ormuz no es un tema distante. Se verá en las gasolineras, en los recibos de electricidad y en el costo final de transportar cualquier mercancía.